Uruguay 2008


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Este viaje representó mi segundo intento (fallido) por llegar en bicicleta hasta Atlántida. Laura, una amiga que conocí por Internet, me propuso hacia fines del 2007 repetir juntos mi previa experiencia del año 2006 a lo que acepté incluso antes de conocerla a ella personalmente, pero ella sólo llegó a resistir dos días de travesía. El resto lo hice solo hasta Montevideo.

Sábado 12 de enero: Partimos a las 8 de la mañana del puerto de Tigre. A las 11 del mediodía ya estábamos poniendo pie en suelo uruguayo y armando las bicicletas. El primer destino fue Punta Gorda, donde nos detuvimos a descansar y tomar algunas fotografías. Hacia las 17 horas ya estábamos arribando al pueblo de Carmelo, donde acampamos en el camping municipal.

Trepando un repecho darwiniano en la ruta a Carmelo

Domingo 13: A las 8 de la mañana arrancamos en dirección a Colonia del Sacramento. Laura comenzó en este tramo a sentir los implacables efectos del sol en la ruta, y frecuentemente le bajaba la presión por lo que debíamos detenernos. Finalmente, luego de 11 horas de pedaleo llegamos a Colonia. Buscamos un supuesto camping municipal, que según nos dijeron ya no existía, así que armamos las carpas a orillas del río, bajo unos árboles. Como yo le había comprado un regalo a mis amigos Carlos y Tita del viaje anterior, le dije a Laura que me esperara mientras se los llevaba. Cuando llegué a la casa de Carlos, este me ofreció alquilarme una habitación que tenía libre con dos camas en su hospedaje, por lo que volví rápidamente a avisarle a Laura, desarmamos las carpas y nos dirigimos allí. Pagamos cada uno los $150 pesos uruguayos correspondientes por la noche y luego fuimos a cenar al restaurante vegetariano a la vuelta del hospedaje, donde comí una cazuela de verduras con una hamburguesa de soja por otros $150. Luego de un paseo nocturno por el casco antiguo de la ciudad nos fuimos a dormir.

Ruta a Colonia

Lunes 14: Nos levantamos a las 11 y acompañé a Laura a la estación de micros, donde ella viajaría hasta Santa Lucía a encontrarse con su tía, ya que desistió en seguir conmigo hasta Montevideo por su cansancio y quemaduras solares. Más tarde seguí yo paseando solo por la parte antigua de la ciudad, donde subí al faro a sacar unas fotos.

Vista de Colonia desde el faro

A las 16 horas paré en una estación de servicio a comprar hielo ($22) y partí hacia Santa Ana, a donde llegué aproximadamente a las 18 horas y busqué el camping de la vez anterior, que ahora costaba $100 (antes $80) y luego compré víveres (fideos, salsa, sal, damascos, duraznos y bananas, por $85) para la merienda y la cena. Luego de merendar fui al río a nadar, y más tarde me preparé unos fideos con salsa antes de acostarme.

Playa de Santa Ana

Martes 15: A las 10 de la mañana enfilé nuevamente hacia la ruta. Al mediodía paré en un almacén donde me vendieron agua congelada en una botella de 2 litros por $25, lo cual fue muy práctico para soportar las calurosas inclemencias climáticas de la ruta. A las 16 horas llegaría a Boca de Cufré, donde acampé por $120, y luego me fui a nadar al río hasta que bajó el sol. Luego me acosté. Esa noche llovió un poco.

Playa de Boca de Cufré

Miércoles 16: Al mediodía retomé la ruta, parando a las 18 horas a tomar un helado de frutas. Un poco más tarde decidía acampar al costado de la ruta, lo cual no probó ser una buena decisión ya que cuando ya estaba dormitando en la oscuridad vino la policía caminera a despertarme y pedirme que saliera de allí. Me dijeron que 10 kilómetros adelante, en Playa Pascual, había una estación de servicio donde podía pasar la noche, así que en plena oscuridad me dirigí hacia esta. Al llegar estuve varias horas charlando con los empleados y luego armé mi carpa en el fondo y me acosté unas horas.

Acampando al costado de la ruta a Montevideo

Jueves 17: Cuando amaneció, uno de los empleados de la estación de servicio vino a despertarme y partí en dirección a la ciudad de Montevideo, a la que llegué al mediodía, llamé a Laura y nos encontramos en la costa para luego dirigirnos hacia la terminal, almorzar y emprender el regreso. Tomamos un micro hasta Carmelo, donde sacamos el pasaje de la lancha hacia Tigre, que partía a la madrugada. Cenamos una pizza y luego dormitamos un poco en la plaza hasta que se hizo la hora de regresar.

Costa de Montevideo

Resumen:
Día 1: Nueva Palmira - Carmelo: 25 kmts.
Día 2: Carmelo - Colonia: 75 kmts.
Día 3: Colonia - Santa Ana: 25 kmts.
Día 4: Santa Ana - Boca de Cufré: 70 kmts.
Día 5: Boca de Cufré - Playa Pascual: 80 kmts.
Día 6: Playa Pascual - Montevideo: 30 kmts.

Total: 305 kmts.

Uruguay 2011 - Resumen


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• 5 días totales de viaje en la República Oriental del Uruguay.

• 417 kilómetros recorridos en bicicleta.

• 10 Ciudades y pueblos visitados: Montevideo, Ciudad del Este, Parque del Plata, Maldonado, Punta del Este, La Barra, José Ignacio, Rocha, Aguas Dulces, Chuy.

Uruguay 2006


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Introducción

Cuando a mis seis años me regalaron mi primera bicicleta, sólo me dejaban andar de esquina a esquina. La aventura inaugural fue pues romper este límite y dar una vuelta manzana sin permiso. Más adelante la andanza fue cruzar calles; luego recorrer el barrio… Siempre un paso más allá de lo permitido, rompiendo las reglas de a una por vez y marcando nuevos horizontes. De honesto que era, sin embargo, confesaba inmediatamente, y de clementes que eran mis padres, ellos tampoco me retaban. A mis diez años mi mundo de circulación independiente (tanto en ruedas como a pie) estaba circunscripto al barrio de Parque Chas (Capital Federal), donde yo vivía, y parte de Villa Urquiza. Al mudarme a Vicente López (Provincia de Buenos Aires) y comenzar a viajar solo en colectivo, los límites se desdibujaron; Empecé a viajar en bici hasta la escuela de vez en cuando (desde el barrio de Florida al barrio de Munro) y también andar mucho por zonas campestres, en Exaltación de la Cruz. La mayor parte de mis posteriores años de facultad iba generalmente a la universidad pedaleando y así adquirí un mayor hábito. Para este entonces, ya germinaba en mi cabeza la idea de hacer pequeñas travesías de pueblo en pueblo. Las primeras las hice convenciendo a algunos amigos para que me acompañen, y luego (cuando ellos se cansaron), me lanzaba ya solo. Hacia el año 2006, inspirado por los relatos de Silvana Solá, decidí realizar mi primer ciclodisea turística propiamente dicha. He aquí el relato:

Bautismo charrúa

Casi a último momento y en forma bastante improvisada tomé la decisión; Para Semana Santa de 2006 compré impulsivamente un pasaje en lancha hacia Nueva Palmira, Uruguay. Respecto a mi equipamiento, no contaba ni siquiera con alforjas; tan sólo una mochila de 70 litros, una carpa tipo domo para dos personas y la bolsa de dormir. El plan: Llegar hasta Atlántida en una semana (o hasta donde pudiera). Sería este mi primer viaje en solitario de este tipo; Nunca antes había hecho una travesía de más de una tarde, y tampoco había acampado solo.
Partí de Buenos Aires desde el puerto de Tigre el día miércoles 12 de abril a las 8 de la mañana, y hacia las 11:30 horas. llegué al otro lado del charco. Durante el viaje charlé con un muchacho y su madre, que eran de Baradero y con Carlos, un señor que vivía en Colonia del Sacramento, Uruguay, pero que había estado toda su vida en Vicente López. El muchacho y su madre se dirigían a Colonia, y el hombre tenía allí en su vivienda habitaciones en alquiler para turistas, así que nos pasó a los tres su dirección, que me sería de gran ayuda más adelante.
Cuando toqué tierra, el primer tramo pedaleado consistió en dirigirme hacia Punta Gorda, donde está el Parador Darwin. En la ruta, trepando ya los característicos “repechos Darwinianos” (llamados así en honor a la visita del biólogo al lugar, en 1833) pude comprobar lo inapropiado de andar sin alforjas; Mi espalda comenzó inmediatamente a resentirse por el peso de la gran mochila y el esfuerzo de las trepadas. En el susodicho parador hice un breve alto y en seguida continué viaje. El próximo punto a visitar sería la Capilla de Narbona, de 280 años de edad, ubicada en un desvío entre Nueva Palmira y Carmelo, a la que arribé a las 13:30 horas. Después de un didáctico cruce de palabras con la dueña del histórico paraje, volví a la ruta principal, para luego desviarme nuevamente más adelante y parar un momento en las hermosas playas de Zagarzazú. Hacía las 15 de la tarde llegué a Carmelo, donde almorcé primero, y luego me alojé en una pensión por el módico valor de $8 argentinos la noche.
Al día siguiente salí temprano a la mañana, a las 7:30; serían más de 70 kilómetros hasta Colonia, donde al llegar (a las 15 horas) me dirigí a la dirección que me había dado en la lancha Carlos, quien al recibirme muy amablemente me hizo pasar a su casa y me presentó a su mujer y sus perros. No contaba con habitaciones disponibles para alquilarme, por lo que, para mi sorpresa, me ofreció gratuitamente pasar la noche acampando en una quinta que él tenía al otro lado de la ciudad. No sólo eso, sino que me llevó en su combi y me dejó la llave de la casa en caso que necesitara ir al baño o usar la cocina. Luego de armar entonces ahí mi carpa en el parque y cocinarme un arroz, me fui a dormir. Esa fue una noche tormentosa. A la mañana partí temprano y busqué lugar en un hostel, donde me hospedé por una noche más y aproveché ese día para pasear un poco por la ciudad, el barrio histórico, el parque Ferrando y la costa. Lamentablemente no había llevado cámara de fotos, así que no cuento con instantáneas para ilustrar este relato.
Al mediodía partí en dirección hacia Montevideo. Decidí parar a las 14 horas en la playa de Santa Ana, pero al entrar al lugar agarré con la rueda de la bicicleta una rama, que partió la horquilla trasera del cuadro. Dado que me quedaban apenas dos días de vacaciones, opté por quedarme allí y volver el día próximo en micro hacia Carmelo, donde pasé el día siguiente otra jornada de paseo y descanso, para volver después definitivamente a mis pagos, con la decepción de no haber podido llegar al destino estipulado, pero la satisfacción de haber cumplido parte de mi sueño.

Resumen:

Día 1: Nueva Palmira - Carmelo: 25 kmts.
Día 2: Carmelo - Colonia: 75 kmts.
Día 4: Colonia - Santa Ana: 25 kmts.

Total: 125 kmts.

Patagonia 2007 - 8 y 9 de enero

Introducción

Un año entero había pasado luego de mi experiencia inicial en cicloturismo y la idea de hacer una ruta por el sur argentino y chileno germinó todo ese tiempo en mi cabeza. Luego de leer más relatos de otros ciclistas, ver muchas fotos, conversar con viajeros, mochileros, el fuego creció dentro de mí y se hizo ansiedad; Me conseguí un trabajo para ahorrar y pagarme todo lo necesario; equipamiento, indumentaria, pasajes; Luego, renuncié (sino me daban 15 días de vacaciones y yo necesitaría más de un mes). Mi idea inicial era ir en tren hasta Zapala (Neuquén), y partir de allí en dirección sur por la Ruta de los Siete Lagos, cruzando hacia Chile por el paso Cardenal Samoré (Neuquén) y volviendo por el paso Río Manso (Río Negro), para luego subir hasta Bariloche. La ruta final fue un poco diferente, extendiéndose varios cientos de kilómetros más hacia el sur. En total terminé haciendo 2000 kilómetros en bicicleta, a lo largo de 40 días, cruzando tres veces la cordillera de los Andes. Otros 10 días fueron de paseo a pie. El plan de ir en tren resultó inapropiado; La línea hacia Zapala no existía más, sólo a Bariloche y era muy irregular y tardaba mucho en llegar, así que opté por ir en micro directamente, a San Martín de los Andes (Neuquén).

8 y 9 de enero: De Buenos Aires a San Martín de los Andes en micro

La noche anterior a mi partida me quedé terminando de organizar las cosas hasta tarde; principalmente mapas e información sobre los lugares que visitaría. Terminé durmiendo tres horas. Me levanté temprano y continué con los preparativos. Mi padre me ayudó a pegar y emparchar una lona que compré como cubretecho para la carpa, la cual tenía muchas goteras. Cuando todo estuvo listo subimos las cosas al auto y partimos en dirección a la terminal de Retiro. En la sección de encomiendas embalaron mi bicicleta por 10 pesos y de paso la pesaron (15 kilos, sin equipaje). Viajé en el primer piso del micro, adelante de todo, como a mí me gusta; Tiene la mejor vista, y los que ahí se sientan son los que llegan primero… aunque en caso de accidente, es muerte segura. Bajó el sol, el micro atravesaba pueblos en la oscuridad y poco pude dormir gracias a unos insoportables que tocaban la guitarra y cantaban atrás mío. Al día siguiente dormité un rato hasta Cultral-Có, donde me despabilé completamente (a propósito, pues quería ver el pueblo, que desde el Google Earth parecía inhóspito). El tramo Cultral-Có a Zapala fue un tanto aburrido, pero a partir de Zapala comencé a prestar mayor atención, imaginando cómo habría sido haber hecho ese camino en bici, como lo tenía planeado inicialmente. El paisaje era cada vez más impresionante; muchas grandes montañas lejanas y cuestas en descenso. Pasamos luego por Junín de los Andes y pronto arribaríamos a San Martín de los Andes, a las 17:30 horas, dos horas más tarde de lo previsto. Desde arriba del micro pude ver a Mariana, una amiga de Buenos Aires que también andaba viajando por esos lados, y con la que había quedado encontrarme en la terminal. Bajé rápidamente y en seguida sonrió y vino a recibirme con un abrazo. Llevé mis cosas a un rincón y me puse a armar la bici y desempacar todo lo demás. Partimos inmediatamente hacia el hostel Rulkahue, que quedaba a tres cuadras de la terminal, donde me hospedé por 28 pesos. Guardamos ahí mis bolsos en los lockers, me puse mi malla y con mi amiga fuimos a las orillas del lago Lácar, donde pude jugar con unos amistosos perros y darme un refrescante chapuzón. Era el único en el agua, en realidad; En la playa todos abrigados y achuchados (incluyendo a Mariana) y yo nadando y haciendo la plancha como si nada; sucede que en verano a la tarde el agua se torna bastante templada, y pese a que estaba nublado, no era tan fría. Cuando salí paseamos por el puerto, el resto del pueblo y luego al supermercado donde compré fideos y salsa para la cena. Quedamos en levantarnos temprano para pasar el día en la playa de Quila-Quina, del otro lado del lago Lácar.

Patagonia 2007 - 10 de enero

Quila-Quina (San Martín de Los Andes, Neuquén, Argentina)

Primero me bañé y luego desayunamos con mi amiga. Salimos hacia el camping del A.C.A., donde me registré por $15 y armé mi carpa. Después fuimos al supermercado “La Anónima” (el más grande en San Martín de los Andes) a comprar provisiones para nuestra excursión. Yo adquirí un par de bananas, un par de manzanas y una leche de soja. Nos dirigimos hacia el puerto, donde sacamos los pasajes a Quila-Quina ($25 ida y vuelta) y en diez minutos ya estábamos arriba de la lancha. Arribamos en media hora, y caminamos en dirección oeste en busca de playas más aisladas que las del puerto. Luego de caminar un rato encontramos el lugar ideal. Apoyados sobre un tronco almorzamos cada uno sus alimentos. Más tarde quise explorar y meter las patas en remojo, así que me alejé unos metros.

En el lago Lácar

Volví y recogimos nuestras cosas dispuestos a bordear el lago hacia nuevos horizontes. Caminando y sacando fotos, llegamos, una hora más tarde, a una zona de pedregosos vados a los que Mariana no se animaba cruzar, por lo que tuve que pasar buen rato tratando de convencerla. Finalmente accedió; El agua estaba tan helada que los pies me dolían y sentía punzadas. Pasamos dos de estos vados y nos instalamos en las rocas. Prendí un fueguito y nos sacamos unas fotos.

Una fogata a orillas del Lago Lácar

El cielo aclaró y volvimos por el mismo camino hasta el puerto y tomamos otro sendero hacia una cascada. Como el mapuche usurero de la entrada nos quiso cobrar para verla, tomamos la ruta vehicular, que subía una larga cuesta. Allí arriba, cuando el gorjeo del agua denotaba la inmediata presencia de las cataratas, me asomé por el risco y apoyado sobre un árbol tomé unas fotos. Mariana miraba de lejos porque tenía miedo. Retomamos entonces el sendero hasta el puerto y nos tiramos en la playa. Mientras mi amiga permanecía en la playa yo me fui a nadar al lago y ella me fotografiaba. Más tarde paramos en el restaurant del puerto donde merendamos; Mariana un panqueque de dulce de leche y yo un té.


El puerto de Quila-Quina

Esperamos hasta las 22 horas, y nos subimos al catamarán de regreso. Mi amiga partiría el día siguiente hacia Villa Traful, así que quedamos en reencontrarnos allí al día siguiente. La acompañé hasta su hostel, y luego pasé por un cibercafé para comunicarme con mi familia. Después caminé hasta el camping, donde sin más vueltas y sin cenar, me metí en la carpa y me dormí.

Patagonia 2007 - 11 de enero


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Ruta de los Siete Lagos – Villa La Angostura – Lago Correntoso (Neuquén, Argentina)
Distancia recorrida: 30 kmts.

Me desperté a las 6 de la mañana. 7:45 salía el micro hacia Villa La Angostura. Como veía que no llegaba con el tiempo opté por doblar todo así nomás y ajustar la carpa enrollada sobre las alforjas. Salí velozmente hacia la terminal, y al llegar saqué la rueda delantera de mi bicicleta y subí al micro. El viaje duró unas horas. Me senté en el lado derecho para ir viendo el estado de las banquinas y lo que me esperaba cuando hiciera el tramo en bicicleta. Mi destino era Villa Traful, pero dado que no había micros directos desde San Martín de los Andes, debía ir hasta Villa La Angostura y combinar. Los micros que iban de Villa La Angostura hacia Villa Traful, no transportaban bicicletas, así que opté por hacer este tramo pedaleando. Al llegar a Villa La Angostura armé la bici, la até a un poste y fui a la terminal a comprarle el pasaje de regreso desde Villa Traful a Villa La Angostura a Mariana. Luego me dispuse a comenzar mi primer recorrido ciclístico de todo el viaje; Hasta Villa Traful serían aproximadamente 60 kilómetros. Tal trecho no me parecía tanto considerando los anteriores que había realizado (Carmelo-Colonia el año anterior en Uruguay, de 75 kilómetros en 7 horas, por ejemplo). Al comenzar eran las 12 del mediodía, así que le calculé que llegaría a Traful en 6 o 7 horas. Grave equivocación. A los primeros cinco kilómetros, que van desde la ciudad hasta el cruce con la Ruta de los Siete Lagos, comprendí que la cosa no sería tan sencilla. Era todo cuesta arriba. Y a los pocos kilómetros me di cuenta que no había cargado agua en mi caramañola. Le pregunté a un transeúnte cuánto había hasta el cruce y me dijo 1 kilómetro. También le pregunté si habría alguna proveeduría y me contestó que no había absolutamente nada sino hasta el Camping Lago Espejo, 10 o 15 kilómetros más adelante. Seguí andando, y luego de un par de kilómetros de pasar el cruce le pedí a un obrero de los que estaban trabajando en la nueva ruta si me podía dar algo de agua, el cual me llenó la caramañola. “Fresquita”, me dijo, y me fui contento. En medio del bosque paré a comer frutas secas. Cuando mi boca reseca rogó nuevamente por líquido, un regalo divino, al mejor estilo “Los dioses deben estar locos” llegó a mis manos. Al costado del camino yacía una botellita casi llena de Coca-Cola Light. La agarré y estaba aún fría. La destapé y estaba aún burbujeante. Sin dudar la bajé toda de un trago y alcé mis manos al cielo en señal de devoción. Al llegar al Lago Espejo no encontré ningún servicio. Me detuve en sus playas a comer más frutas secas.

A orillas del Lago Espejo

Seguí camino y luego de una pronunciada cuesta le pregunté a un obrero si tenía agua para darme. Me dijo que no, pero que había al costado del camino, un poco más atrás, un sendero que me llevaría a orillas del Lago Correntoso, donde podría saciar mi sed con agua pura y clara. Volví bajando velozmente la cuesta y me acerqué hasta la entrada del sendero, donde un cartel indicaba la duración aproximada a pie del trayecto hasta el lago; 30 minutos. Imaginé que en bicicleta podría hacerlo más rápidamente, lo cual supuso otro gran error. El tramo inicial fue relativamente llano, pero en seguida comenzaron las brutales cuestas. Lo peor es que el camino estaba plagado de árboles caídos, que me obligaban a alzar la bicicleta. Tarea simple y a la que ya estaba acostumbrado a no ser por las benditas alforjas. Tardé aproximadamente 45 minutos en llegar a la orilla del Correntoso. Había un tronco caído que se internaba hundiéndose en el lago; Aproveché ese muelle natural para tomar fotos y llenar mi caramañola y botellitas.


A orillas del Lago Correntoso

Desanduve el sendero, esta vez más rápidamente pues era en bajada. Retomé la ruta y continué mi escarpado ascenso. A la altura del brazo norte del Lago Correntoso, unos 5 kilómetros antes del cruce con la ruta a Villa Traful, encontré un camping que llamó mi atención. Ya estaba bastante cansado de trepar y eran las 19 hs. Pronto caería la noche y aún faltaban 30 kilómetros hasta Villa Traful, por lo que opté por probar suerte en ese lugar. Entré al predio y en seguida me sorprendió su inmensidad y tranquilidad. Apenas algunos acampantes de edades avanzadas descansaban bajo el sol a orillas del lago. Me acerqué a la casilla de la administración y aboné los $6 correspondientes al derecho de acampe, más un tetrabrik grande de jugo de naranja Baggio. Atravesé los campos hasta un bosque, por unos 500 metros. El camino para los automóviles cruzaba un arroyo mediante un vado y el peatonal era de madera. Más adelante, el bosque daba lugar a un claro con los baños y más gente acampando. Me detuve a tomar de mi recién adquirido jugo y analizar la posibilidad de armar allí mi carpa. Contaba con la ventaja de unas parrillas de cemento, pero la gran desventaja era la siempre molesta presencia humana; Un niño corría enloquecido gritando a todo pulmón, lo que me convenció de salir arando de allí. Antes de volver quise seguir para ver hasta dónde continuaba el camping. El sendero se internaba nuevamente en otro bosque pero un cartel decía que se prohibía acampar en esa zona. Retomé el sendero que llevaba al bosque anterior y me interné en él en dirección al lago. Caminé algunos metros hasta que sentí estar lo suficientemente aislado del ruido. A 20 metros tenía la orilla del lago Correntoso. Armé ahí mi carpa, hice un pequeño fuego y me cociné una sopa. Me acosté y me dormí en seguida, pues la quietud era atroz; Fue una de las noches más silenciosas y pacíficas de mi vida.

Acampando en los bosques aledaños al Lago Correntoso

Patagonia 2007 - 12 de enero


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Lago Correntoso – Villa Traful (Neuquén, Argentina)
Distancia recorrida: 28 kmts.

A eso del mediodía me levanté, comí unas galletitas y me preparé para partir. Salí del camping y tomé nuevamente la ruta 234. A los 5 kilómetros llegué al cruce con la ruta 67, que lleva a Villa Traful. A partir de este punto, comenzó una de las subidas más jodidas, hasta la cumbre de El Portezuelo (130 mts.) El descenso fue veloz y en seguida ya estaba andando a una velocidad regular, pues el camino se hacía más llano. Paré a comer frutas secas, saqué fotos y seguí.


A los pies de El Portezuelo

Al llegar a la primera playa del lago Traful, en un camping compré un par de manzanas que comí echado en la arena, al sol. Continué viaje y en poco tiempo llegué al pueblo. Entré al hostel donde iba a encontrarme con mi amiga, y me registré por $26, pero ella no estaba. Llevé mis cosas a mi habitación y luego me di una ducha para quitarme la tierra juntada en mi cuerpo en los últimos dos días. Como tenía hambre y ya era la hora de la merienda, salí al comedor y le pregunté a un tipo cuánto había pagado por el pan casero con mermelada que estaba comiendo, que me tentó. Me dijo que el pan estaba 2 pesos y la mermelada se conseguía en el mercadito. Salí entonces en dirección al mismo, y en la entrada del hostel vi a Mariana agitando los brazos. Nos dirigimos a la proveeduría y en la esquina de la calle nos encontramos con Ricardo, un compañero de la facultad; Pablo, otro amigo en común y otro muchacho más (Charly), que descansaban luego de ascender al Cerro Negro. Charlamos un rato y luego seguimos. Compré mermelada y volvimos al hostel donde compré el pan casero y merendamos. Más tarde retornamos al mercadito a comprar comida para la cena; Yo me llevé un sobrecito de fideos con salsa. Paseamos un rato y fuimos a la costa. Luego volvimos al hostel a preparar la cena. Un poco más tarde nos retiramos a nuestras piezas a dormir.

Patagonia 2007 - 13 de enero

Villa Traful (Neuquén, Argentina)

Nos levantamos temprano y subimos un poco al Cerro Negro, donde nos tomamos un par de fotos.

A los pies del Cerro Negro

Mariana fue a la costa y yo a la secretaría de información turística a usar un turno de Internet que ella me cedió. Luego de responder mails y comunicarme por MSN con mi familia, me despedí de Mariana, pues ella se iba para Villa La Angostura y de ahí a Chile. Quedamos en reencontrarnos en Pucón. Cuando se retiró yo volví al hostel y me senté afuera a tocar un poco la guitarra con los amigos de Ricardo. Volví luego a mi habitación y Charly me invitó a ir con ellos a la playa, del Lago Traful así que preparé mi mochila y los acompañé. Cerca del muelle nos metimos un poco en el lago, pero el agua estaba extremadamente fría. Me quedé charlando con Marcelo, el muchacho que me había informado previamente sobre el pan y la mermelada, y me contó sobre sus estudios de física y su gusto por el cine, especialmente Herzog y Tarkovski. A todo esto, Ricky buceaba como si nada en medio del lago y otro chico (Facu, luego apodado “El Culeao”) tiraba piedras al agua haciendo sapito. Las piedras pronto pasaron a ser peñascos y cuando se aburrió, tomó un palo y comenzó a batear al grito de “¡Jonrón!”. Era gracioso y molesto al mismo tiempo. El resto practicaban saltos ornamentales desde el muelle.

A orillas del Lago Traful

Pronto asaltó el hambre generalizada, así que partimos hacia el interior de las calles de tierra en busca de algún lugarcito para comer. A tres cuadras encontramos un bar al aire libre con un toldo y mesas de madera. Los chicos comieron sándwiches de milanesa, hamburguesas y papas fritas, con Coca-Cola, Yo me anoté con las papas. Luego volvimos al hostel y seguimos tocando la guitarra y cantando hasta la noche, un repertorio pop variado. Fue gracioso cuando en un momento me puse a tocar en la criolla el riff del tema “Holy Wars”, de Megadeth, y otro chico se sumó, y luego un tercero se puso a cantar. Uno le dijo “es un Mustaine decadente”, a lo que “El Culeao” agregó; “Sí, después de Hiroshima”. El susodicho agarró entonces una guitarra, la cual no soltó hasta entrada la madrugada y “entonó” “No Woman no Cry” de Bob Marley con la letra cambiada; “Yo quiero pescar… mojarra no hay”, hasta el hartazgo. Más tarde alguien sacó un cancionero e hicimos temas variados; Bersuit, Ricky Martin, Red Hot Chili Peppers y todo tipo de giladas. Demás está decir que el nivel lírico era el mismo de una piara de marineros alcoholizados, o peor, pero lo más gracioso eran las caras que ponían el resto de los huéspedes del hostel. A la noche compré unos fideos y me los cociné; tallarines con aceite y sal. Luego me fui a mi pieza, que ahora había sido trasladada con el resto de los chicos. Compartí la habitación con Ricky, Charly y Fede. Como afuera el resto seguía canturreando sin decoro y nosotros queríamos dormir, a Ricky no se le ocurrió mejor idea que golpear el vidrio de la habitación desde adentro y cuando los otros miraron, les mostró el culo. Nos reímos tanto que no podíamos parar. Apagamos la luz y seguíamos, parecíamos ya drogados pero ninguno lo estaba. Cuando ya nos ahogábamos del llanto y nos dolía mucho la panza, paramos definitivamente y nos dormimos.

Patagonia 2007 - 14 de enero


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Villa Traful – Villa La Angostura (Neuquén, Argentina)
Distancia recorrida: 55 kmts.

Sonó temprano el despertador de Charly y nos levantamos. Desayunamos, y preparé la bici y acompañé a los chicos hasta la estación de servicio, de donde partiría su micro hacia Villa La Angostura. A eso de las 12 del mediodía partí yo, antes que ellos, en dirección al mismo lugar. Llegué a eso de las 19. En el camino perdí el nylon para cubrir la carpa y una pila recargable, pero encontré un buzo.

Un alto a orillas del Lago Traful

Al llegar paré en una estación de servicio y compré un Gatorade y llamé a mi casa. Mi papá me dijo que intente conectarme a Internet, así que me dirigí a un locutorio. Luego busqué un camping llamado “Unquehue”, a la entrada de la ciudad, que me costó $23, y armé mi carpa. Me cociné un puré de papas y cené. Mis vecinos de parcela guitarreaban tarde, pero igual me dormí rápidamente.

Patagonia 2007 - 15 de enero

Villa La Angostura – San Martín de los Andes (Neuquén, Argentina)

Me levanté al mediodía. Desarmé mi carpa y ensillé la bicicleta. Me dirigí a la terminal de micros a comprar el pasaje para San Martín de los Andes. Me costó $20, pero por el tema del transporte de la bici, me mandaron a otra oficina que quedaba a un par de cuadras, en la cual aboné un extra de otros $20. El micro partía en media hora, así que fui a un mercadito y compré sopa, dos paltas y dos manzanas. Me comí las frutas mientras esperaba mi autobús en la terminal. El micro llegó y en cuatro horas ya estaba nuevamente en San Martín de los Andes. Recorrí todos los hostels y alojamientos baratos de la ciudad, pero estaba todo ocupado, así que terminé yendo al camping del A.C.A. de nuevo. Pasé por el supermercado y luego fui a la terminal a sacar el pasaje hacia Pucón, Chile, para el día 17, el cual me costó $50. Di una vuelta por la playa, el muelle, y luego fui a cenar al restaurante naturista “Buena Vida”, donde comí por $14. Pedí milanesas de soja con ensalada mixta y jugo Ades. Más tarde retorné al camping y me acosté.

Patagonia 2007 - 16 de enero

Mirador Bandurrias (San Martín de los Andes, Neuquén, Argentina)

Me desperté al mediodía y fui caminando hasta el extremo noroeste de la ciudad. Allí se encuentra la entrada al sendero que lleva al Mirador Bandurrias. Luego de dos horas de ascenso llegué a la cima, tomé un par de fotografías y me dispuse a bajar por el lado este, que me llevó hasta el barrio de Los Altos.


Panorámica de San Martín de los Andes, desde el Mirador Bandurrias

Volví al camping, me bañé y fui a cenar al restaurante naturista, donde la dueña me regaló una vela por haber regresado. Por $22 cené sopa de calabaza y milanesas de soja con papas al natural. Después regresé al camping y me acosté.

Patagonia 2007 - 17 de enero

San Martín de los Andes (Neuquén, Argentina) – Pucón (IX Región, Chile)

Me levanté sobresaltado; Había dejado el despertador del celular para que suene a las 4:30 de la madrugada, ya que el micro salía a las 6, pero al parecer, en mi sueño profundo no lo escuché y se me hicieron las 5:30. En tiempo récord y con el corazón en la garganta levanté campamento en quince minutos y salí volando para la terminal. Llegué 6 menos cinco. Le saqué la rueda delantera a la bici y subí al ómnibus. El chofer nos entregó una declaración jurada para pasar la frontera. Recordé que tenía una manzana y dos bananas en la mochila, y como el chofer mencionó algo de una multa, fui al baño y tiré las frutas por las ventanita hacia la ruta. Me corté también el dedo con el cortaplumas por el movimiento del micro. Volví a mi asiento y me hice un vendaje con una servilleta y una bandita elástica, pues el botiquín estaba con el equipaje, en el baúl del micro. Luego de un par de horas llegamos a la aduana del paso Tromén. Mientras esperaba mi trámite me miré el corte. Una alemana me ofreció una curita y me la puse. Más tarde cruzamos al siguiente control aduanero y pasaron todos nuestros bolsos por una máquina de rayos X. Continuamos viaje y en otro par de horas ya estábamos en Pucón. Al bajar, armé la bici, cargué las alforjas y busqué el hostel donde me encontraría con Mariana, el cual estaba sin turistas. Cuando llegué entré y arreglé con la dueña, Christine, que me informó que mi amiga no había aún llegado. Le pregunté sobre restaurantes vegetarianos y en el plano me marcó algunos. Salí entonces dispuesto a almorzar. En la esquina veo una chica sacudiendo los brazos; Era Mariana cargada de bolsos, que recién bajaba de su micro. La acompañé al hostel y decidimos qué habitación tomaríamos. Elegimos una con dos camas en el piso superior. Dejamos las cosas y fuimos a almorzar. Yo comí una cazuela de verduras con ensalada. Como aperitivo nos sirvieron una especie de chimichurri y pan negro. Más tarde volvimos al hostel, nos cambiamos y fuimos a la Playa Grande, que estaba llena de gente. Me metí a nadar al Lago Villarrica un par de veces, pero Mariana no quiso entrar.

Las callles de Pucón

Luego fuimos para el centro y en un bar me tomé un licuado de frutilla y mi amiga comió un tostado. Retornamos al hostel y me preparé unos fideos antes de irme a dormir.

Patagonia 2007 - 18 de enero

Pucón (IX Región, Chile)

Nos levantamos tarde, al mediodía y fuimos al centro a averiguar por los pasajes de Mariana para Buenos Aires. Pasamos por la Municipalidad a recopilar algo de información turística y después a la oficina de Southern Sky, una empresa de excursiones de ascenso al Volcán Villarrica, que por 50 euros me guiarían hacia la cima, con equipamiento incluido. De ahí enfilamos para La Poza, playa al sudoeste de Pucón, donde unos simpáticos perritos comenzaron a seguirnos.


En la playa La Poza, con el volcán Villarrica de fondo

Volvimos desde allí a la playa principal (Playa Grande), que está a unos metros de La Poza, tomé unas fotografías y estuvimos un par de horas recostados sobre la negra arena volcánica.
Regresamos al hostel a comer algo y más tarde salimos a pasear otra vez. Llegamos de nuevo a La Poza, pero ya estaba oscureciendo y el cráter del volcán refulgía con destellos rojizos. Me llamó la atención fue una pareja de alemanes que no miraban directamente en esa dirección sino un poco hacia el costado. Noté entonces un punto brillante cerca del horizonte, con estela blanca y alargada que se desprendía del mismo. Se trataba del famoso cometa McNaught, mayormente visible en estas latitudes. Era impresionante tener en el mismo campo visual este único evento cósmico y al lado, el imponente volcán, iluminando ambos la noche. Una familia de chilenos nos prestó sus binoculares y pudimos verlos bien en detalle.

Playa grande, a orillas del Lago Villarrica

Regresamos luego al hostel y cocinamos fideos, yo con salsa de tomate y Mariana con crema. Me acosté temprano, pues al día siguiente tendría mi cita con un gigante, a las 7 de la mañana.

Patagonia 2007 - 19 de enero

Volcán Villarrica (Pucón, IX Región, Chile)

El despertador sonó a las 6:15 hs. Me desperté de un salto, pues estaba muy entusiasmado. Me dolía un poco la garganta, pues la noche anterior me acosté sólo en bóxers y a la mañana hacía un frío de cagarse. Me bañé y salí en dirección a la oficina de Southern Sky. Mariana se quedó porque optó por ir a unas termas en lugar de escalar el volcán. Llegué 7 en punto y sin demora nos dieron nuestros equipos de andinismo. El mismo constaba de una mochila, un par de botas, un par de crampones para nieve, un pico, un par de lentes de sol, polainas, pantalones impermeables, campera, guantes, casco, gorro de polar y una extraña tela negra que también era impermeable. Nos pusimos las botas, las polainas, los lentes y subimos a la combi. En la mía íbamos dos chicas israelíes, un chico chileno (Felipe) y yo. Ellas durmieron todo el viaje, que duró aproximadamente media hora. Yo me puse a charlar con Felipe y estuvimos juntos el resto de la excursión. Comenzamos el ascenso a las 8 en punto. A partir de allí fueron seis horas de escarpado escalamiento. El paso era firme y constante, con cuatro a cinco breves descansos.

Primer contacto con la nieve, en la base del Volcán Villarrica

Al llegar al cráter estuvimos 40 minutos en la cima. El aire era irrespirable, pues las emanaciones sulfúricas no daban tregua. Apenas pude divisar el resplandor rojizo de la lava. Saqué algunas fotos y me dije a mí mismo “misión cumplida”. Todavía faltaba igual el descenso, que duraría otras dos horas y se haría mayormente sentados sobre la nieve, deslizándonos a modo de “culopatín”. La velocidad no era excesiva, pero algunos tramos fueron realmente vertiginosos.

Deslizándonos en el Volcán Villarrica

Nos acercamos a otra combi que nos llevaría nuevamente hacia las oficinas, dando por finalizada la aventura. Volví al hostel y me bañé. Mariana no estaba así que me fui a pasear solo por la playa, cambié unos euros por pesos chilenos e hice unas compras, pues al día siguiente comenzaría mi verdadera travesía en bicicleta. Regresé al hostel y me cociné un arroz. Mariana llegó de su excursión a las termas y se fue a dormir. Yo terminé de comer e hice lo mismo.

Patagonia 2007 - 20 de enero


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Pucón – Curarrehue (IX Región, Chile)
Distancia recorrida: 36 kmts.

Mariana me despertó para pedirme que le prenda el calefón. Ella se bañó y después la acompañé hasta la terminal, donde nos despedimos. Volví al hostel y desayuné, preparé mis cosas y la bicicleta y me pegué una ducha antes de partir. Salí a las 15 hs., pasé a cambiar más dinero y por una bicicletería a inflar las ruedas y comprar una pieza del freno que me faltaba. La ruta hacia Curarrehue fue bastante tranquila, de poquísimo tráfico y con automovilistas y camioneros muy respetuosos. Contaba con una bicisensda que continuó hasta pasada la zona urbana.

Ruta de Pucón a Curarrehue

Llegué al pueblo de Curarrehue a las 19 hs. y busqué el camping municipal, en el que acampé gratuitamente. Justo se estaba haciendo un rodeo al lado, así que la zona estaba atestada de caballos y hombres de campo en sus casas rodantes. Armé mi carpa al lado de un río e intenté dormir como pude con el ruido que hacían los tipos estos a la noche, pero gracias a mi cansancio, no fue tanto problema.

Patagonia 2007 - 21 de enero


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Curarrehue – Parque Nacional Villarrica (IX Región, Chile)
Distancia recorrida: 30 kmts.

Salí temprano, a las 9, y paré en una YPF a desayunar. Me dieron tostadas y té. A las 10 hs. ya estaba encaminado nuevamente, totalmente dispuesto ya a cruzar los Andes por primera vez en bicicleta.

Saliendo de Curarrehue

La ascensión era dura, no muy empinada, pero constante y con el camino de ripio en mediocre estado, lleno de grandes piedras. Al mediodía paré a un costado de la ruta para cocinarme unos fideos, lo cual me llevó un par de horas, entre juntar la leña y hacer hervir el agua.

Almorzando antes de entrar al Parque Nacional Villarrica

Seguí a ritmo lento y entré en el Parque Nacional Villarrica. Aquí las pendientes se hicieron muy pronunciadas, y debí empujar mi bicicleta caminando la mayor parte del recorrido. Como se estaba haciendo tarde, y lugares organizados para acampar no había, decidí armar mi carpa a unos 100 metros del camino, dentro del bosque, donde pasé una silenciosa y tibia noche en absoluta soledad.

Patagonia 2007 - 22 de enero


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Parque Nacional Villarrica (IX Región, Chile) – Parque Nacional Lanín (Neuquén, Argentina)
Distancia recorrida: 52 kmts.

Partí al mediodía y en un par de horas llegué a las aduanas. El trámite fue instantáneo, y continué unos metros hasta el desvío que lleva al lago Tromén., ya dentro del Parque Nacional Lanín. Decidí pasar por allí y aprovechar a cocinarme los fideos que me sobraban. Al llegar prendí un fuego en una de las parrillas que ahí había, pero comenzó a lloviznar, lo que dificultó un poco la cocción de mi almuerzo. Los fideos estuvieron listos en una hora. Comí y preparé la bici con bolsas de nylon para la lluvia.

En la ruta que vuelve del lago Tromén

Retomé la ruta y a pocos metros comencé a sentir que me costaba cada vez más pedalear. Paré a un costado del camino y revisé mi bicicleta; ¡La rueda trasera estaba descentrada y no había manera de volver a ponerla en su lugar! El viento era cada vez más fuerte y se acercaban unas nubes negras amenazantes desde el oeste. Como la bici aún rodaba y el camino era todo en bajada hice como los marineros y aproveché el viento para impulsarme. Continué de esta manera algunas horas hasta que cayó la noche. Hice campamento a un costado de la ruta, al lado del puente que cruza el río Malleo. Esa noche se largó la lluvia con toda y mi carpa se convirtió en una canoa. Como pude, contuve las goteras con toallas y ropa sucia. Dormí pésimo, todo acurrucado para no mojarme y con los pies dentro de bolsas de consorcio, a lo linyera, ¡pero fue divertido!

Un arcoiris coronando mi corcel de hierro, en la Ruta 60, Neuquén

Patagonia 2007 - 23 de enero


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Parque Nacional Lanín – Junín de los Andes (Neuquén, Argentina)
Distancia recorrida: 30 kmts.

Al mediodía levanté campamento y continué. Antes intenté otra vez centrar un poco la rueda y logré que rodara un poco más libremente, aunque de todas formas seguía dura. El viento en la ruta era muy fuerte y esta vez venía de costado, desde el norte, por lo que me tiraba hacia un costado. Preferí caminar para no arriesgarme a caer sobre el camino.

Por la ruta 60, hacia Junín de los Andes

Ya me estaba quedando sin comida. Lo único que me quedaba era una sopa en polvo que a modo de almuerzo tomé disuelta en agua fría dentro de una botella, para no perder tiempo calentándola. Luego de algunas horas llegué a la ciudad de Junín de los Andes. En una estación de servicio compré un Gatorade y dos barritas de cereal. Al arribar al centro busqué hospedaje, pero los hostels estaban todos llenos, así que terminé en un residencial, de $50 la noche, de habitación privada y baño compartido, aunque no había nadie más que yo en esa vieja casa. Me duché y busqué un cyber para chatear con la familia y responder mails. Luego fui a cenar a un restaurant donde me atiborré con un plato árabe de entrada (puré de garbanzos) y ñoquis de papa con salsa pomarola como plato principal. Volví al residencial con la panza llena y me acosté a dormir, feliz.

Patagonia 2007 - 24 de enero


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Junín de los Andes – San Martín de los Andes (Neuquén, Argentina)
Distancia recorrida: 36 kmts.

Salí a las 10 de la mañana del residencial y busqué una bicicletería, donde por $20 le cambiaron la maza y el eje traseros a mi vehículo. Pasé por una casa de té donde desayuné mis habituales tostadas con mermelada y té. Partí entonces en dirección a San Martín de los Andes. Como el camino sería corto, y yo quería hacerlo sin apuro, pasé antes por el supermercado a comprar cosas para el viajecito. A mitad de camino comí arvejas y choclo enlatados y aceitunas, y de postre una manzana. Más adelante comí otra manzana y dos bananas llegando a la ciudad de destino. Adentrándome en la zona urbana busqué un camping. Paré en uno muy tranquilo y amplio llamado “Amigos de la naturaleza”, donde me cobraron $13 y luego aproveché para lavar toda mi ropa. Me hice un té de merienda y a la noche, sopa de minestrone. Luego me acosté.

Patagonia 2007 - 25 de enero


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San Martín de los Andes – Ruta de los Sietes Lagos – Arroyo Culebra (Neuquén, Argentina)
Distancia recorrida: 24 kmts.

Salí del camping a las 12 hs. y me dirigí al centro de la ciudad, donde hice más compras en un supermercado. Paré en un parque a desayunar pan con dulce y luego agarré la ruta 234, la de los Siete Lagos. Paré luego de un par de horas para comer una ensalada jardinera enlatada.

En la ruta 234, en el Parque Nacional Lanín

Continué y a eso de las 18 hs. decidí parar en un camping agreste al lado del camino, llamado “Quintupuray”. Me cobraron los $6 correspondientes al derecho de acampe y luego de armar mi carpa en un sector alejado me hice un té con galletitas de sémola y más tarde, fideos para la cena. Me acosté en cuanto la oscuridad fue absoluta.